Conversación con Paul Valler

Muchos profesionales dividen su día en dos partes: “50% de trabajo y 50% de vida”. ¿Crees que es un buen esquema mental?

El trabajo es parte de la vida, no una parte disociada de ella, pero poner algunos límites es una buena idea. Uno de los mejores límites al trabajo es practicar el ‘Sabbat’. Cómo colocar estas barreras al largo de cada día puede depender de las circunstancias o la época de la vida en la que uno se halle. No me gustaría promover una fórmula o ser demasiado específico en cuanto a porcentajes. Desarrollar un modelo de descansos en el día laboral, para orar en espacios breves, también puede ser importante (Daniel 6:10).

Cada vez más gente vive conectada 24 horas al día a través de sus teléfonos de última generación, email, redes sociales… ¿De dónde sale esta necesidad de estar siempre conectados?

Vivimos en una cultura de la “atención parcial continuada”, que afecta nuestra capacidad de prestar la debida atención a las personas a nuestro alrededor. Tengo que encontrar momentos en los que no estoy conectado al parloteo del mundo, porque, si no, nunca llegaré a estar conectado realmente a Dios o a las personas más cercanas. Debemos tomar la tecnología como algo que nos sirve, no como algo que nos domina.


Cuando alguien se da cuenta que tiempo y dinero comienza a atraparles, ¿cuál es un primer paso que hay que dar para empezar a romper con este círculo?

Cada circunstancia es diferente, pero el primer y más importante paso es pedir a Dios que nos ayude y no guíe. Aunque sabemos que debemos hacerlo, en la práctica es muchas veces algo que solemos olvidar. Otra cosa importante podría ser compartir tu situación con otro cristiano, un amigo de confianza. Y, si es posible, otro paso práctico sería planear de qué forma se puede empezar a reducir gastos económicos e incrementar poco a poco los ahorros; así habrá más flexibilidad económica a la hora de empezar a hacer cambios.

Hay trabajadores cristianos que, después de darse cuenta de su dependencia del trabajo, deciden empezar a hacer estos cambios, pero no han conseguido mantenerse en la buena dirección por un tiempo continuado. ¿Hay alguna recomendación que ayudaría a perseverar en un contexto de trabajo que presiona mucho?

Nuestro comportamiento fluye de lo que creemos. Si nuestro comportamiento va volviendo hacia antiguas formas de actuación, entonces es que no hemos cambiado realmente nuestra manera de pensar. Por ejemplo, muchos se creen la mentira de que el valor que tienen como persona depende de su capacidad de rendimiento. Así que, aunque se dan cuenta de que tienen que cambiar su forma de trabajar, siguen cayendo en la tendencia a emplear un método de trabajo demasiado duro, ya que no se sienten seguros a no ser que no estén rindiendo a alto nivel. Cambiar nuestra forma de pensar significa renovar nuestra mente al meditar sobre la Palabra de Dios.
Si podemos identificar las mentiras que creemos subconscientemente, entonces seremos capaces de pensar en la verdad de la Biblia, que confronta esas ideas falsas. Así renovamos nuestra mente y, como consecuencia, el comportamiento cambiará.

¿Hay algún ejemplo de alguien en la Biblia que recomendarías como modelo imitar en su perseverancia, en un estilo de vida centrado en Dios y en el saber dar la prioridad correcta a Dios, la familia y el trabajo?

Obviamente, Jesús es el ejemplo perfecto. Aunque no estaba casado, tenía su madre a la que cuidar, y a lo mejor, como hermano mayor, también tuvo algún grado de responsabilidad sobre sus hermanos y hermanas cuando José murió. Es interesante darse cuenta de dos contrastes en los evangelios. Primero, cuando su madre y hermanos le buscan, Jesús los ignora y sigue enseñando (Lucas 8:21). En cambio, cuando está en la cruz –su obra más importante-, está pensando en su madre y pide a Juan que cuide de ella (Juan 19:26). Creo que esto nos muestra que la elección correcta no es siempre la misma en situaciones diferentes.
Es difícil encontrar un paralelo exacto en nuestros días con un personaje bíblico concreto, porque en cada uno de ellos aparecen diferentes aspectos. Tanto Daniel como José son ejemplos de creyentes viviendo en culturas ajenas y en posiciones de responsabilidad en su lugar de trabajo. Pedro entiende la importancia del trabajo, pero también de la familia y la comunidad cristiana, mostrándolo en la forma en la que escribe su primera carta. Tenemos que intentar aplicar los distintos principios que se enseñan en la Biblia a nuestra situación actual, en una cultura contemporánea.

En “Esto es vida”, hablas acerca de la importancia de tener una identidad fuerte que nos llevará a tomar decisiones sabias en momentos de ansiedad o presión. ¿Cuál es la clave para tener esta identidad con raíces profundas?

La clave es conocer a Dios como padre. Este conocimiento va más allá de estar de acuerdo intelectualmente con ello. Afecta profundamente nuestro corazón, viene del Espíritu y de la Palabra, y es fortalecido por el hecho de ser parte de una comunidad cristiana.

En “Esto es vida”, hablas acerca de la importancia de tener una identidad fuerte, ¿en qué áreas pueden empezar a ir mal nuestras decisiones cuando no tenemos esta identidad clara?

Si no sabemos que somos aceptados y amados por Dios, estaremos constantemente intentando agradar a otras personas, para ganar su aceptación. Sobretrabajar puede ser un síntoma de esto. Si permitimos que nuestra identidad la defina nuestro trabajo, estamos consintiendo que tenga demasiada influencia sobre nosotros. Lo que dejamos que nos defina se convierte en nuestro ‘dios’. Para algunas personas es el dinero; para otros, es una relación; para algunos, es el deporte o un hobby. El consumismo y el materialismo son indicaciones de que alguien está intentando establecer una identidad a través de lo que posee. Y cualquier cosa que dejamos que se convierta en un ídolo nos llevará a que lo adoremos, y acabemos tomando decisiones distorsionadas.

“Quién soy”, “por qué estoy aquí” y “qué debería hacer”. Comentas en el libro que estas cuestiones son clave. ¿Por qué es importante dar respuestas reales a estas preguntas?

Si yo no sé quién soy, o por qué estoy sobre el planeta Tierra, entonces mi vida se convierte en una búsqueda desesperada de una identidad, de un sentido. Cuando sé que mi identidad real es la de ser un Hijo de Dios (1 Juan 3:1) y mi propósito es hacer las buenas obras que Dios ya ha preparado por adelantado para mí (Efesios 2:10), entonces estaré seguro de mi identidad, y mi vida se convertirá en un descubrimiento de mi llamado y la satisfacción de trabajar en mi vocación.

Muchos libros hablan acerca de la importancia de que un cristiano viva el evangelio también en su lugar de trabajo. ¿Dónde se encuentra el punto de equilibrio entre ser luz y someterse a tus superiores (el jefe)?

Lo que impacta a otros es la gracia y la fragancia de conocer a Jesús (2ª Corintios 2:14); es nuestro carácter, nuestra actitud, nuestras decisiones, incluyendo en ello la forma en la que nos sometemos a las autoridades.
Nuestro jefe último es Dios, quien nos pide que nos sometamos a las autoridades, excepto cuando estas se enfrentan la autoridad de Él. Si se nos pide que hagamos algo que va contra Dios, entonces tenemos la autoridad de resistir y confiar en Dios (Hechos 5:29). Y si sufrimos por ello, estamos sufriendo por Cristo.

En el trabajo, se puede sentir como que se ha de satisfacer las expectativas de otra gente, alcanzar los objetivos, acabar el trabajo a tiempo… ¿Cómo podemos evitar que una sensación de ansiedad empiece a afectar también a otras áreas de nuestra vida?

Es bueno tener una buena dirección en el trabajo, pero es malo vivir con el miedo a fracasar. A largo plazo, la ansiedad daña nuestra productividad, pero también nuestras relaciones personales. Hay que empezar por tratar la ansiedad orando y con acción de gracias (Filipenses 4:6-7). Por ejemplo: nuestra seguridad económica a corto plazo puede estar en peligro, pero, al fin y al cabo, Dios es nuestro proveedor y los resultados en el trabajo están bajo su control (Génesis 39:23).
Objetivos en el trabajo y ultimatums son temporales, así que el éxito o el fracaso en ellos no duran para siempre. Dios mide muchas cosas, pero no hay ningún sitio en la Biblia en el que pone un objetivo numérico para algo. Hacer lo mejor en nuestro trabajo es honrar tanto a Dios como a nuestro jefe, pero, si sabemos que nuestro valor como persona no depende de cumplir las expectativas de otra persona acerca de mí, tendré mucha más seguridad.

¿Son comparables la presión en el trabajo, en la familia y en la iglesia?, ¿hay soluciones comunes para el estrés en estas áreas tan diferentes?

Las expectativas de otros (o de nosotros mismos) es un factor muy común de estrés, venga de donde venga. Aprender a explicar la posibilidad de decir “no” es esencial para saber manejar las expectativas de otros. Esto sólo es posible cuando tenemos paz y un sentido de valor personal seguro. La mejor forma de obtenerlos es conocer a Dios.

En conclusión…
¿De qué maneras puede un cristiano empezar a perder la perspectiva de la soberanía de Dios, en momentos en los que muchos se esfuerzan para seguir adelante en medio de una crisis financiera?

Centrarse en el dinero lleva a ansiedad, mientras que centrarse en Dios lleva a paz. Dar gracias a Dios por quién Él es y por lo bueno que tenemos nos ayuda a mantenernos centrados en Dios. Estar satisfechos es algo que podemos aprender (Filipenses 4:12). Este proceso de aprendizaje incluye muchas veces momentos en los que fallamos en confiar en Dios, pero en los que también descubrimos que Dios ha cumplido sus promesas.
Dios no nos ha prometido una vida libre de dificultad o sufrimiento –de hecho, todo lo contrario (Juan 16:33)-, y nosotros nos preocupamos por muchas cosas. Existe la tentación de creer la mentira de que todo depende de lo que nos esforcemos. Pero, mientras vamos madurando, nos damos cuenta de que Dios está activo en nuestras vidas y que Él es fiel y está por encima de nuestras dificultades.

Dices que tu propia experiencia en el mundo del trabajo te ha ayudado a escribir este libro. ¿Cuáles son algunas de las reflexiones prácticas de tu vida hasta ahora?

¡Tengo una tendencia peligrosa a decir “Sí” a otras personas!, lo cual me lleva fácilmente a sobrecomprometerme. Tengo que poner límites y tener el valor para decir “No”.
Es esencial disponer de tiempo a solas con Dios para reconstruir una buena perspectiva y experimentar el ‘Shalom’. Es bueno apartar tiempo para estar con Dios regularmente.
Es muy útil tener una persona con la que, voluntariamente, puedas orar sinceramente.
Y también es de mucha ayuda desarrollar un lema o una expresión clara de cuál es tu misión a nivel personal.

Paul Valler trabajó como Director de Finanzas y Recursos Humanos en Hewlett-Packard Ltd. Como expositor y conferenciante, lleva a cabo un importante trabajo ayudando a las personas a tomar las decisiones más acertadas. Paul está casado, es padre de dos hijos y recientemente ha sido abuelo.