Conversación con S. Stuart Park

“La interpretación de la Biblia debe hacerse desde Cristo”

Las Escrituras, con tantos autores de tan diversas épocas, muestran un sorprendente hilo conductor: la historia de la redención.

Publicado en Protestante Digital
05 DE MAYO DE 2013, MADRID

Miles de años después de su escritura y recopilación en nuestros libros modernos, la Biblia sigue sorprendiendo. Así lo expresó Stuart Park, teólogo y escritor, que expuso el tema de “la literatura bíblica y el arte de escribir” durante el Encuentro de Comunicadores y Escritores Evangélicos que se realizó en Madrid del 26 al 28 de abril.

“No es un libro, es El Libro”, decía Stuart Park al comenzar su conferencia. “Es la gran obra literaria que describe la historia de la redención con una maestría verbal sin parangón”, y sin duda que no deja indiferente: “es tanto el más admirado como el más perseguido del mundo”, decía el ponente. Pero ¿cómo es su relato? ¿Hay claves que puedan descubrirse en este texto, realizado por tantos autores distintos de tan diferentes épocas, que expliquen su valor y vigencia? Y finalmente, ¿cómo se debe interpretar?

 
INFLUENCIA INNEGABLE
Comenzó su conferencia este experto en el texto bíblico recordando la importancia de la Biblia para la historia y la cultura.

El premio Cervantes, José Jiménez Lozano, decía que “el exilio de una cristiandad de la Escritura y de una cultura como la española del mundo bíblico es un enorme hándicap que pagamos muy caro (…) Aunque hay otra cultura siempre soterrada que recibió la impronta bíblica, pero fue minoritaria. La recepción de lo bíblico en la cultura española fue para una minoría. Exiliada, como la Biblia, de este país”. Es por ello que Park quiso reivindicar el valor de este texto para el presente.

Advertía, sin embargo, otros peligros que corre hoy la Biblia, aún entre los cristianos. “Allister MacGrath dice que en los últimos años ha crecido la iglesia que antepone la voz a la Escritura. Ofrecen una relación directa con Dios que puede contemplar la Biblia como un elemento interpuesto, incluso un estorbo. La Biblia – la sola scriptura, fuente única del conocimiento de Dios – acaba suplantada por la experiencia espiritual directa, cálida, del corazón, la ‘presencia’ de Dios frente a la ‘ausencia’ muda del texto”.

Pero según explicó Stuart Park es Dios mismo quien quiere que sea por medio de la palabra escrita como se transmita su historia. “La primacía de la escritura sobre la voz queda plasmada en la frase del salmista ‘mi lengua es pluma de escribiente muy ligero’, o en las palabras de Jesús a Juan en Patmos: ‘escribe en un libro lo que ves’. Sus divinas palabras están impresas, es decir, presas en las páginas de un libro”.

Es sorprendente, pero “el Dios que por su sola palabra creó el mundo y lo que en él hay, ha confiado la pureza de la comunicación directa a la prosa escrita y a la poesía. Jesús de Nazaret realizó su única contribución directa en el polvo de la tierra, y confió sus palabras de vida a escritores y amanuenses humanos limitados y falibles”.

 
EL ARTE DE LA CONCISIÓN
Stuart Park señaló que un aspecto a destacar del arte de la escritura bíblica es su concisión. “Los autores bíblicos no adornan con detalles innecesarios o superfluos. La narración es escueta”, dijo el experto.

El expositor acudió a diversos ejemplos en los que el relato bíblico parece ‘vacío’ de detalles: la prueba de Abraham al pedirle Dios que sacrificase a su hijo, o el relato de Ana llevando a Samuel al templo para que pasara su niñez allí.

Son relatos “escuetos” pero que sin duda “se desarrollan con un fin. El tiempo y el lugar son inciertos, sentimientos e ideas permanecen mudos, pero en su totalidad se refleja en una alta tensión. En la Biblia hay una intención para invitar al lector a leer entre líneas los detalles”, dice Stuart Park.

El contraste es amplio cuando se compara con los relatos homéricos. “Tal vez más ‘bonitos’ pero mucho peor trabajados en la imagen de la humanidad, tan simplista en el poema griego”, explicó.

Porque en la concisión lo que el autor pretende es que el lector sea interpelado a una identificación, a dar una respuesta a lo que se cuenta. “La intención no es el encanto sensorial. La intención religiosa determina una exigencia absoluta de la verdad histórica” que hacen que el lector “se implique en estas narraciones de forma radical. Los silencios invitan al lector a adentrarse en el texto para discernir las intenciones”, decía Park.

 
UN HILO QUE CONDUCE A CRISTO
El ponente explicó cómo en la narración de la Biblia hay un hilo que se va tejiendo para “conducir a Cristo, tal como explicó el maestro a los discípulos camino de Emaús”. Este es el “principio de la intertextualidad”, por el que las historias de la Biblia conectan con la gran historia de la redención.

Esta se produce sin traicionar la concisión que recorre las páginas del libro. La Biblia se nutre de metáforas para transmitir la historia de la redención, con símbolos que van apareciendo desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

Stuart Park explicaba cómo “la semilla, el árbol, el fruto o la serpiente, contribuyen al universo espiritual de la Biblia”. Por ejemplo, el escenario de un huerto en Génesis provee figuras que van apareciendo a lo largo de todo el relato, pasando por los Salmos, el Cantar de los Cantares, los evangelios y la profecía. El huerto es el lugar de comunión plena con Dios y, sin grandes piruetas lingüísticas, aparece en varios lugares – desde el huerto de Edén al huerto de la resurrección en Juan 20 – tejiendo ese “hilo conductor” de la gran historia.

 
LA PARÁBOLA, EL GÉNERO FAVORITO DE JESÚS
“La concisión es un arte difícil de emular”, decía Park. “Jesús denunció el uso indisciplinado de las palabras como algo ajeno a la tradición hebrea: No uséis vanas repeticiones orando, como los gentiles. El maestro absoluto de las palabras es él”.

Jesús se comunicaba “por parábolas”, explicaba este autor, “un vehículo de comunicación por el que un concepto complejo, como el reino de los Cielos, se hace asequible mediante la similitud o el contraste con un aspecto de la realidad”.

La parábola tiene un doble fin: ocultar el significado a quien no lo quiere recibir, pero hacerlo comprensible a quien quiere escuchar con atención. “La parábola – explica Stuart Park – oculta su significado bajo una anécdota natural, y para entender su profundidad hay que ir más allá de la escucha superficial. El maestro nos invita a escuchar con atención todo el consejo de Dios”.

 
RETO INTERPRETATIVO
Muchos de los debates en el seno del cristianismo tienen lugar alrededor de las diversas interpretaciones que se hacen del texto. Stuart Park reconoce que la manera en que la Biblia se presenta parece dificultar su comprensión, como si toda ella fuese una gran parábola.

“Una multiplicidad de géneros y estilos plantean cuestiones de intencionalidad e interpretación nada fáciles de resolver”, decía el ponente. “La mayoría de los textos no contienen mandamientos directos e inequívocos. Los autores son menos dados a la moralización de lo que se suele pensar”. Es preciso “interpretar textos cuyo alto grado de alusividad implica la complicidad del lector. Son fascinantes e interpretarlos es difícil”.

¿Cómo entenderlo? La solución, para Stuart Park, está en que la Biblia “hay que interpretarla desde Cristo. Los evangelistas apenas revelan sus sentimientos, salvo en contadas ocasiones. La biografía íntima de Cristo se encuentra en la historia de Abraham e Isaac, en Ester y Rut, en Job y en el Cantar de los Cantares, y en todos los profetas y poetas de la Escritura”. Porque en definitiva este antiguo texto, que es “lámpara a nuestros pies y luz a nuestro camino” contiene “la buena nueva de salvación, y su meta y finalidad es Cristo”.
 
Autor: Daniel Hofkamp